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Sermón mensual

Octubre de 2014 - Jukai Nyu-i - "Conocer los preceptos y unirse a la práctica", por el Rev. Kodo Takeuchi

"No cometas el mal, en cambio esfuérzate en realizar buenas obras. No te olvides de la autoinspección. En esto consiste el budismo". Las enseñanzas esenciales del budismo han sido mantenidas y transmitidas durante unos 2500 años, desde antes del tiempo del Buda Shakyamuni en el "Verso de la Moralidad Comunitaria de los Siete Budas". "No cometas", "La capacidad de evitar cometer", existe una fuerza misteriosa en esta enseñanza. "Haz el bien, evita el mal". Cuando uno se esfuerza constantemente en lograr esto, será imposible hacer el mal.

Por supuesto que los budistas vemos el bien y el mal  en función de si se siguen o no las enseñanzas de Buda. No obstante, el Buda Shakyamuni indagaba en sí mismo a través de zazen y observaba con detenimiento el estado de sus discípulos y el comportamiento de los humanos, en general. Buscaba con diligencia aprender "lo que nunca debe ser hecho por cada valioso individuo o en conjunto por los humanos, cuyas vidas son irrecuperables. A su vez, lo que debe realizarse de modo que todos alcancen la felicidad". Las respuestas nos han sido transmitidas en forma de "preceptos".

Resulta imprescindible que emulemos al Buda Shakyamuni, reflexionando en todo momento sobre nosotros mismos a la luz de las enseñanzas de Buda. La palabra "precepto" fue traducida inicialmente como "hábito". El modo de vida que conduce a Buda consiste en emular un rasgo tras otro, en vez de pensar "No debo", comprometerse a cumplir con los votos de "Yo debo" o "Yo no haré". "Si emulas a Buda toda tu vida, serás auténtico". El difunto Miyazaki Zenji del templo Daihonzan Eiheiji hablaba a menudo sobre esto. Reciban las enseñanzas — los "preceptos" — del Buda y vivan del mismo modo. "Únanse a la práctica". Es un precioso signo de dedicación a las enseñanzas de Buda.

En septiembre del 2012, tuve la suerte de que se me presentara una magnífica oportunidad. La Escuela Soto Zen me envió a difundir el dharma a Brasil, América del Sur. Mi viaje debía durar alrededor de tres semanas. Trabajaba desde la oficina de América del Sur (Busshinji) en Sao Paulo y conducía 100 o 200 kilómetros todos los días. A menudo viajaba en avión. Algunas veces daba sermones en las reuniones para  zazen, pero principalmente hablaba a inmigrantes japoneses en servicios conmemorativos durante la estación del equinoccio, Ohigan. Me dijeron que el Budismo cuenta con una historia de cerca de 100 años en Brasil. Cuanto más conocía acerca de las luchas de estos pueblos en los inicios de la colonización, más me preocupaba qué decirles. No obstante, me acogieron con sus hermosas sonrisas y me agradecieron por visitarlos desde tan lejos. Traje hermosos recuerdos de regreso a casa. "El sufrimiento es creador de alegría". Fue una valiosa oportunidad para reflexionar acerca de los motivos por los que eran tan amables y gentiles tras haber atravesado tantas dificultades.

El señor Shoichi Kobayashi, fideicomisario de Busshinji, me esperaba en el Aeropuerto de Aracatuba después de un vuelo que duró dos horas desde Sao Paulo. Con 80 años de edad, un físico bronceado y fornido, condujo por la autopista dos horas y luego una hora en una carretera de arcilla roja. Por lo general, cuando viaja a Busshinji, suele tomar un autobús nocturno, que tarda no menos de diez horas de ida y vuelta. Me sentí conmovido por su gentil y sincero corazón. Me dio un fuerte apretón con su enorme mano y estaba muy contento. Me alojé en la casa del señor Kobayashi. Ya que no había ningún lugar cercano donde llevar a cabo los servicios, ese día se reunieron cinco familias, cada una de ellas llevaba las lápidas de sus antepasados para celebrar juntos el servicio conmemorativo de Ohigan (equinoccial).

"Ya sea al pensar acerca del pasado o el futuro, francamente no sé lo que hacía ni dónde lo hacía, ni lo que sucedería ni dónde ocurriría. Si ese es el caso, hoy es extraordinariamente el mejor día para aprender el camino del budismo". Presenté la enseñanza: "Cada día es un buen día". En ese punto, dijo el señor Kobayashi: "Aunque no hubiese sacado el tema, esa es nuestra vida cotidiana". Entonces, me enseñó que "el saludo en portugués 'bom dia'expresa la esperanza de que hoy sea un maravilloso día para ti."

Me contó que había viajado desde Japón a Brasil en el año 1950, un viaje que le llevó un mes. Se trató de una travesía por el océano repleta de esperanzas de una vida en esas enormes tierras. El padre del señor Kobayashi le dijo dos cosas al partir de Japón: "No regreses" y "Sé amable con la gente". Pasaron más de sesenta años e incluso ahora, esas palabras siguen resonando en su cabeza. Contrariamente a lo esperado, a su llegada le aguardaba la tarea de despejar una tupida jungla. Las labores sumamente pesadas provocaron la huida de muchas de las personas que se encontraban con él. Al trasladarse a una tierra de abundantes aguas con tanta expectativa, muchas personas fallecieron a causa de la filariasis, transmitida por los mosquitos. El señor Kobayashi comentaba con profunda emoción que le resultaba un misterio seguir aún con vida. Cada vez que creía que era su final, por alguna razón recordaba las palabras de su padre: "No regreses". Le sirvieron de gran apoyo y sostén. "Sé amable con la gente". Debido a esas palabras, había sido capaz de vivir su vida sin resentimientos hacia otras personas. "Se me ha dado la oportunidad de tener una vida larga". Sus palabras resultaron de un valor inestimable.

"El Buda Shakyamuni alcanzó el despertar bajo el árbol Bodhi e impartió las enseñanzas de obedecer a los progenitores, los sacerdotes maestros y los Tres Tesoros o Joyas. La obediencia y la devoción filial son la vía por excelencia. "Nombren el precepto de la devoción filial". Esto proviene del Brahamanet Sutra o Sutra de la red de Brahma. Aprendan y emulen las enseñanzas  sin cesar. Esta es la máxima devoción filial, no sólo a Buda, sino a todos aquellos que nos han guiado. Junto mis manos en oración.