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Sermones

Junio - Funeral por Issho Fujita

Podríamos decir, quizá, que la cultura y la civilización humanas comenzaron con los funerales. El acto de realizar funerales distingue claramente a los humanos de los animales. Puede que los animales lloren la muerte de sus semejantes, pero nunca entierran los cadáveres mediante accesorios funerarios. Solo los humanos se ocupan de sus fallecidos y tienen ritos especiales para enviar a los finados al otro mundo, ya sea de una forma primitiva o sofisticada. Para nosotros, la muerte no solo es un hecho biológico, sino un asunto espiritual.

Todos nosotros, sin excepción, somos mortales. Por tanto, es vital que creemos formas adecuadas para la disposición de un cuerpo sin vida, la curación emocional de la familia, parientes y amigos afligidos y la recuperación de la integración de una comunidad después de la muerte de una persona. Debemos enfocar esta cuestión de los funerales muy en serio, porque pensar en cómo llorar la muerte está directamente relacionado con pensar en cómo morir, lo que, finalmente, nos lleva a pensar en cómo vivir.

Puede haber distintas formas de lamentar la muerte de alguien, para mantener la dignidad del fallecido, presentar nuestros respetos y enviar a aquellos que hemos perdido al siguiente mundo. La forma en la que se realiza el funeral varía en función de la visión de la vida y de la muerte que tengan las personas. Por ejemplo, en el caso de los funerales en Japón, podemos encontrar elementos de chamanismo, sintoísmo, confucianismo y budismo.

En la Escuela Soto, cuando muere alguien, en primer lugar se llama a un predicador para que lleve a cabo una vigilia (tsuya). A continuación, se celebra una ceremonia funeraria (honso) en casa de la familia, en un templo o en una funeraria. Después del funeral, el cuerpo se lleva al crematorio. Allí, los dolientes recogen los restos del esqueleto con palillos y los depositan en una urna. Finalmente, esta urna se consigna a una tumba o a un osario tras las ceremonias del cuadragésimo noveno día después de la muerte.

La parte principal del funeral sotoshu es un ritual para convertir al fallecido en discípulo de Buda, rapándolo (solo el gesto) y otorgando los dieciséis preceptos, un nombre de precepto y un certificado de linaje. Después de otorgar los preceptos, el oficiante pronuncia las siguientes palabras:

"Cuando los seres sensibles reciben los preceptos budistas, entran en la categoría de todos los budas. Cuando la categoría de uno es la misma que la del gran despierto, verdaderamente es un hijo de todos los budas. Ave gran piedad, gran compasión, gran misericordia, que nos abraza".

De esta forma, convocamos a la persona muerta y le deseamos que continúe caminando (practicando) en el sendero de Buda, incluso después de la muerte. Porque la muerte es una partida de este mundo, es una especie de oración sentida que ofrecemos para que los fallecidos tengan un viaje seguro. Es un sentimiento muy natural y prístino, algo muy humano. Necesitamos no asumir estrictamente la existencia de un alma después de la muerte.

Actualmente, en muchos países desarrollados, empresas funerarias profesionales se encargan de los funerales de una forma muy eficiente, pero también de una forma un tanto comercial. En esta situación, la actividad tan humana y sagrada de celebrar un funeral tiende a cederse a personas que nunca han conocido al fallecido. Durante el funeral, todo se lleva a cabo sin incidencias y de manera programada y, poco después de la ceremonia, los asistentes regresan rápidamente a su rutina diaria como sin nada hubiese ocurrido.

Esta tendencia nos hace olvidar que la muerte es un gran recordatorio para aprender la temporalidad de la vida. Por este motivo, estamos perdiendo el sentido del gran valor y profundidad de nuestras vidas. Ignorando el hecho de la muerte, ignoramos el milagro y el misterio de la vida. Dicho de otro modo, debemos apreciar la muerte. Los funerales brindan una gran oportunidad para este tipo de apreciación. En este sentido, la muerte es un maravilloso y precioso regalo que nos otorgan los fallecidos a los vivos. Entonces, ¿cómo podemos aprovechar al máximo este don?

Con esto en mente, consideremos más seriamente el asunto de los funerales y cómo lo enfocamos en el contexto socio-histórico actual. Creo que es extremadamente importante, especialmente ahora.