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Sermones

Noviembre - Hoji (servicio conmemorativo) por Issho Fujita

Hoji, traducido literalmente como "celebración del Dharma", es una importante práctica budista para conmemorar a una persona fallecida y orar sinceramente por el eterno descanso de su alma. También brinda una magnífica oportunidad para que la familia y los amigos sobrevivientes puedan volver a confirmar los lazos humanos provocados por los difuntos. Sirve para comprender cuánto le deben a los difuntos y renovar la gratitud hacia ellos y para reflexionar profundamente sobre sí mismos y su relación con los fallecidos.

Se cree que este servicio de Hoji incrementará el mérito de la persona fallecida y así podrá renacer en la Tierra Pura. Por este motivo, estos servicios de Hoji son a veces llamados tsuizen-kuyo (práctica posterior para la ofrenda de bondad). En Jucchikyo (Daśabhūmika-sūtra, "El Sutra de las diez razones") se enseñan tres tipos de ofrendas: (a) las ofrendas de incienso, flores, comida, velas, etc., (b) las ofrendas de alabanza y veneración (mediante el canto de sutras y la adoración del Buda y sus enseñanzas), (c) las ofrendas de las conductas correctas (al practicar el modo budista y llevar una vida saludable).

Luego de que el Buda entró en el estado de Nirvana, los monjes budistas le hicieron reverencias mediante la práctica de Gassho y de postraciones ante la estupa, donde se colocaron sus reliquias. Este ritual conmemorativo de reverencia constituye el origen de Hoji.

En la actualidad en Japón, luego de que se lleva a cabo un funeral, se realiza el servicio de Hoji cada siete días después del día del fallecimiento, siete veces en total. Se denomina kinichihoyo a estas ceremonias conmemorativas. Esto está basado en una creencia de la antigua India, que sostiene que el alma del difunto se quedaría en un estado intermedio (chuin o chuu en japonés) durante 49 días después de la muerte, errante entre este mundo y el siguiente. Cada período de siete días marca un desprendimiento gradual de la conexión con este mundo. En el día número 49 los difuntos renacen en función de su retribución kármica.

Dogen Zenji escribió en el Shobogenzo Doshin (La mente de la vía),
"... Al dejar esta vida y antes de entrar en la próxima, existe un lugar que se llama el reino intermedio. Permaneces allí durante siete días. Deberías comprometerte a cantar sin cesar los nombres de los tres tesoros mientras te encuentres allí. Después de siete días, mueres en otro reino intermedio y permaneces allí durante no más de siete días por siete (49 días).... "

A través de una ceremonia fúnebre, se hace que un difunto se refugie en el Budhha, el Dharma y el Sangha y sea ordenado budista. Y entonces, mientras el difunto se encuentra en un reino intermedio, se dedica a las prácticas budistas bajo la protección de diversos budas. Los familiares y amigos también brindan su apoyo y alientan a la persona fallecida para que practique el Dharma solícitamente mediante la celebración de Hoji cada siete días. Además, este es un período de tiempo para que la familia del fallecido pueda lamentar la pérdida, poco a poco empezar a acostumbrarse a esta y recuperar una sensación de paz.

Asimismo, existen una serie de servicios conmemorativos luego del celebrado a los 49 días, como el servicio el día 100 y las conmemoraciones de los aniversarios 1 º, 3 º, 7 º, 13º, 17º, 23º, 27º y 33º . Se denomina nenkihoyo a estos servicios conmemorativos en los aniversarios de fallecimiento. Se realizan para alentar a los difuntos que ya han partido a la Tierra Pura para que continúen caminando por el sendero del Buda. Por lo general, el último año en que se realiza el servicio conmemorativo es en el número 33 (a veces en el 37 o 50) (tomuraiage, "el fin del luto"). Este marca el momento en que se cree que el difunto ya ha pasado a formar parte del espíritu ancestral general. Esto significa que el espíritu es purificado gradualmente por el poder de tsuizen-kuyo y con el tiempo pierde su individualidad convirtiéndose en un verdadero bodhisattava (en el budismo) o en un dios guardián (en el sintoísmo).

Cuando oramos por la felicidad de una persona fallecida, incluso después de la muerte y al acumular la bondad mediante la realización de Hoji (tsuizen-kuyo), con el tiempo nos llenará de felicidad, tanto a nosotros mismos como a nuestros familiares que todavía están vivos en este mundo. Es así como a través de la celebración de Hoji, los vivos y los muertos pueden influirse y ayudarse unos con otros. Por supuesto, es únicamente posible cuando lo hacemos de forma genuina. El poder de estos rituales no debe ser tomado a la ligera.