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Sermones

Febrero - Nehan-e (Asamblea del Nirvana en conmemoración de la entrada de Buda en el Nirvana) por Issho Fujita

Buda Shakyamuni falleció a la edad de 80 años bajo dos árboles de sala, cerca de la ciudad de Kushinagara. Estamos muy familiarizados con el nombre de la ciudad ya que recitamos este nombre cada vez que disponemos los cuencos para comer mientras entonamos: "Buda nació en Kapilavastu, alcanzó la iluminación en Magadha, enseñó en Varanasi, entró en el nirvana en Kushinagara ..."

A veces llamamos a su muerte "la entrada de Buda en el nirvana". No obstante, en sentido estricto, el Buda era una persona que ya había alcanzado el nirvana, al mismo tiempo que alcanzó la iluminación bajo el árbol Bodhi y siempre permaneció en ese estado. Resulta problemático, por lo tanto, utilizar este término sólo para referirnos a su muerte. Por consiguiente, los budistas posteriores adoptaron dos tipos de Nirvana: el estado de nirvana en el cuerpo físico y el nirvana como estado extra corporal. Si aplicamos este concepto, podríamos decir que Buda se encontraba en el estado de nirvana con el cuerpo físico mientras estaba vivo y entró en el estado de nirvana extra corporal cuando falleció.

Sin embargo, este concepto continúa siendo complicado. En la doctrina de los dos tipos de nirvana, el estado de nirvana en el cuerpo físico es imperfecto en comparación con el nirvana como estado extra corporal. Piensan que mientras tengamos un cuerpo en este mundo, no podremos alcanzar un nirvana perfecto. Esto se debe a que es imposible anular todos los deseos mientras se tiene el cuerpo físico. Ello implica que debemos morir para conseguir el nirvana perfecto, o bien debemos renunciar a alcanzar el nirvana en este mundo. ¿Es ese el verdadero mensaje del Buda?

En el budismo Mahayana hay una frase que afirma: "Alcanzamos el nirvana sin erradicar las falsas ilusiones".  En este caso, nirvana no es un mundo ideal en algún lugar lejano a nosotros. Se refiere al mundo de la realidad en la que estamos viviendo aquí y ahora. Nehan-e es una buena oportunidad para volver a plantearse un concepto muy importante en el budismo, el nirvana, guiados por lo siguiente: "si puede comprender que el nacimiento y la muerte son el nirvana en sí, no sólo no existe necesidad alguna de evitarlos, tampoco existe nada que buscar. A eso se le llama Nirvana. "Estas son las palabras de Dōgen en el capítulo "Nacimiento y muerte" (Shōji).

En la tradición Soto Zen, realizamos una ceremonia especial el 15 de febrero, Nehan-e para conmemorar la muerte del Buda y expresar nuestra gratitud hacia él. Nehan-e es una de las tres fechas conmemorativas más relevantes en la tradición Soto Zen. Es una de las tres celebraciones conmemorativas al Buda (San Bukki): Nehan-e (Asamblea del Nirvana del Buda), Gotan-e (Asamblea por el cumpleaños del Buda) y Jodo-e (Ceremonia conmemorativa del despertar del Buda).

Para esta ceremonia se cuelga en los templos un gran pergamino enrollable que retrata al Buda entrando en el nirvana. En la pintura, el Buda se encuentra recostado sobre su lado derecho en un bosquecillo de árboles de sala, con la cabeza hacia el norte y el rostro hacia el oeste. Se encuentra rodeado por dioses, seres humanos y animales que suspiran llorosos.

Nosotros, como budistas que somos, debemos saber cuáles fueron sus últimas palabras, su último mensaje en este mundo. De acuerdo al Mahaparinibbana Sutta, dijo a los bhikkhus (monjes): "He aquí, monjes, los exhorto: Todas las cosas creadas son perecederas. ¡Trabajen con diligencia por su salvación!" Estas fueron las últimas palabras del Buda.

Estas palabras pueden sonar hasta demasiado corrientes para ser las pronunciadas por una persona excepcional, venerada como el "Maestro Mundial". Sin embargo, esto debe ser comprendido en profundidad como la esencia de toda su enseñanza.

La enseñanza de la impermanencia nos dice que la angustia, la preocupación, la tristeza y el sufrimiento provienen de la falsa creencia de tomar lo impermanente como permanente. Para aclarar este aspecto, el Buda enseñó además que los cinco agregados (nuestro cuerpo y mente) no eran elementos permanentes. El pensamiento de que el cuerpo y la mente son seres permanentes a los que nos aferramos estrechamente; esa es la base de todas las falsas ilusiones.

Asimismo, la enseñanza de la impermanencia alienta a los discípulos del Buda a esforzarse para realizar las prácticas con diligencia. Si olvidan el hecho de que son transitorios y mortales, es posible que reserven la práctica de hoy para mañana y resten importancia a la misma. No hay garantías de que estaremos vivos mañana. Si deseamos realizar la práctica y alcanzar el nirvana, la paz definitiva en esta vida, debemos esforzarnos por practicar con completa diligencia.

Esto es lo que el Buda quiso expresar con sus últimas palabras. Él mismo nos dio un magnífico ejemplo viviente al llevar una vida acorde a sus últimas palabras. ¿Por qué no seguirlo?

Por último, me gustaría presentarles un verso que se titula "Nirvana del Buda", compuesto por el maestro Zen Daichi como una frase del incienso para la celebración de Nehan-e:

Los sauces son oscuros y las flores, brillantes. Es un febrero primaveral.
En un bosquecillo de árboles de sala, el Buda se manifiestó y entró en el nirvana.
El venerable Chunda intentó cubrir el cadáver del Buda con un paño blanco, pero no pudo hacerlo.
El radiante cuerpo dorado del Buda quedó completamente expuesto.

Este verso expresa que el nirvana es eterno y penetra en todo el universo y no puede ser cubierto por el paño limitado de nuestra comprensión conceptual. Se halla enteramente expuesto por todas partes, como un paisaje primaveral de sauces oscuros y flores brillantes.

La entrada de Buda en el nirvana es una hábil manera de enseñarnos acerca de la impermanencia. En realidad, él habita en el mundo entero para siempre. Por este motivo, la Asamblea del Nirvana comienza al entonar: "El cuerpo puro del reino del dharma esencialmente no puede nacer ni extinguirse. El poder del voto de la Gran Compasión se manifiesta a través del trajín cotidiano…"