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Sermones

Marzo - Higan (La otra orilla) por Issho Fujita

Higan, "la otra orilla" o "la otra orilla del río", es una palabra emparentada con shigan, "esta orilla". Nuestro uso de higan aquí se deriva de una metáfora. Los budistas dicen que la meta de la práctica es cruzar el río desde esta orilla de la ignorancia (el mundo del nacimiento y la muerte) a la otra orilla del despertar (el mundo del nirvana). Se dice que este río consta de cuatro torrentes: la corriente del deseo, la corriente de aferrarse a ser, la corriente de la visión equivocada y la corriente de la ignorancia.

Alcanzar higan significa ir más allá de todas estas corrientes. El Budismo Mahayana nos enseña que podemos lograr este cruce a través de nuestra práctica en esta vida. No obstante, también se enseña tradicionalmente que higan como la práctica de cruzar el río para alcanzar la otra orilla de la iluminación es principalmente para monjes y monjas renunciantes. Para los laicos, la práctica para alcanzar la otra orilla reside en visitar templos y tumbas a fin de presentar sus respetos a Buda y a los antepasados. En este contexto, "la otra orilla" se refiere a los templos y sepulcros. Entonces, existen dos versiones diferentes de la otra orilla, una para los monjes y otra para los laicos. Este es un ejemplo de la situación en Asia.  Existen “dos versiones del Budismo", una para los monjes y otra para los seguidores laicos.

En Japón, hasta el momento la temporada de higan-e (Asamblea de la otra orilla) se ha centrado en la conmemoración de los antepasados. En la tradición budista japonesa, higan-e se celebra en los templos dos veces al año durante siete días (tres días antes y después de los equinoccios de primavera y otoño). Los sacerdotes y practicantes realizan ceremonias de ofrendas para los espíritus de los difuntos del abad fundador, de las generaciones sucesivas de los budas y antepasados y los seguidores laicos. Durante este período, las personas visitan los templos y las tumbas de familiares para consolar a los espíritus de los antepasados. Algunos de ellos viajan grandes distancias para esto. La gente suele llamar a este período del año "o-higan", con el prefijo "o" para que sea más respetuoso.

Marzo y septiembre son días festivos nacionales, por lo que es posible que la gente pueda visitar la tumba de su familia para o-higan. Los parientes vivos preparan flores y velas, incienso y algunos alimentos favoritos de los difuntos. Barren la zona alrededor de las tumbas (la mayoría de los templos siempre tienen escobas disponibles) y limpian las lápidas. Colocan flores en los floreros junto a las sepulturas y vierten agua en un agujero especial ubicado en el centro de la tumba. Se enciende incienso y se vierte agua sobre las lápidas. Para rendir homenaje, los familiares se ponen en cuclillas e inclinan la cabeza con ambas manos juntas. Este es un tiempo para que las personas puedan hacer un paréntesis en el ajetreo cotidiano y puedan recordarse a sí mismos valorar la vida otorgada, al colocar con serenidad las manos juntas y honrar a los antepasados.

Higan viene de palabra en sánscrito budista paramita que significa "perfección".  En la tradición Mahayana nosotros, como bodhisattavas que aspiran alcanzar la iluminación en beneficio de todos los seres sensibles, caminamos desde esta orilla hacia la otra orilla mediante la práctica de las seis paramitas: el dar o generosidad (dana), la disciplina o el cumplimiento de los preceptos (sila), la paciencia, tolerancia o entereza (kshanti), el esfuerzo en la práctica (virya), la meditación (dhyana) y la sabiduría (prajna).

Según el profesor Matsunami Kodo, los seis elementos que son indispensables en la visita del templo familiar y la tumba de la familia durante o-higan se corresponden con las seis paramitas. Estos elementos son el agua, el incienso en polvo, las flores, las varillas de incienso, la comida y bebida y la luz. Por consiguiente, al ofrecer estos elementos al Buda y a los antepasados, uno en realidad práctica las seis paramitas. He aquí lo que dice acerca de los seis elementos: "El agua es necesaria para toda vida y así nos recuerda la importancia de dar. El incienso en polvo puede frotarse sobre el cuerpo para perfumarlo y así deshacerse del mal olor y refrescar el cuerpo y la mente. Este mismo efecto causa el cumplir los preceptos. Las flores calman la mente, aplacan la ira y evocan la paciencia. Las varillas de incienso, cuando están encendidas, hacen flotar en el aire un agradable aroma, que evoca el esfuerzo. La comida y bebida nos brindan una sensación de plenitud y nos traen a la memoria la contemplación. La luz se refiere a las velas, como la luz ilumina la oscuridad, la sabiduría nos muestra en qué dirección debemos ir ". Interesante, ¿verdad? Sería bueno que podamos tener en cuenta estas correspondencias cuando realizamos rituales con estos elementos.

Por último, veamos lo que Dogen Zenji dijo acerca de paramita. En su "Shobogenzo Bukkyo" (La enseñanza del Buda)", escribió: Paramita significa "alcanzar la otra orilla" [de la iluminación]. Aunque la otra orilla no tiene el aspecto o el rastro de tiempos antiguos, alcanzarla se encuentra actualizada. Alcanzar la otra orilla aquí es el punto crucial. No crean que la práctica conduce a la otra orilla. Dado que hay práctica en la otra orilla, cuando uno práctica, la otra orilla llega. Esto se debe a que esta práctica representa la capacidad de actualizar todos los reinos." (El Tesoro del verdadero ojo del Dharma, Shōbōgenzō del Maestro Zen Dogen, vol. 1, editado por Kazuaki Tanahashi)

Deberíamos indagar y profundizar el sentido de “dado que hay práctica en la otra orilla, cuando uno práctica, la otra orilla llega". Aquí, se trasciende maravillosamente la dualidad de esta orilla y la otra orilla. La otra orilla nos ha alcanzado cuando practicamos pramita de todo corazón. Nosotros, monjes o laicos, debemos tener presente en todo momento los seis paramitas en este sentido. No solo en higan.