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Sermones

El gozo de dar y compartir - Fuse 布施 escrito por el Rev. Shugen Komagata, parte 3

Si bien es muy difícil despertar al Buda que vive en nuestro interior, hemos de hacer todo lo posible para lograrlo. Llevar a la práctica las enseñanzas de Buda sobre el amor, la misericordia y la compasión es algo que todos podemos hacer. Esta práctica no se limita a la comunidad del templo, sino que está abierta al mundo. La vida de cada persona es muy valiosa y no debe desperdiciarse. Debemos dar, utilizar palabras amables al hablar, ayudar a los demás y cooperar, no en beneficio personal, ya sea material o espiritual, sino exclusivamente por el bien del hecho en sí. En lugar de un medio para alcanzar un fin, la práctica adecuada constituye, en esencia, un fin en sí mismo. Ésta es la verdadera práctica del Budismo y el ideal del bodhisattva.

Hace seis meses, cuando visitaba un hospital, quedé abatido a causa de un inesperado encuentro con una paciente de cáncer terminal. Le ofrecí oraciones y palabras de aliento. Tenía 70 años y estaba muy lúcida. Me saludó, me dio la bienvenida y dijo estar muy agradecida por mi visita semanal. Luego de conversar unos minutos, recitamos juntos la Plegaria de los Tres Refugios (Sanki Rai Mon) y El Sutra de Diez Versos de Kannon de la Vida Eterna (Enmei Jikku Kannon Gyo) con las manos en gassho y el Juzu en ellas.

Tras recitar los sutras, cerró los ojos. Pasaron varios minutos. Con una débil y, a la vez, feliz sonrisa, me miró y me dijo en voz baja: "Gracias por orar por mí. Ahora me siento en calma y todos mis temores parecen haber desaparecido. Me siento mucho mejor y con energía. Me siento bendecida y no me siento sola. No me da miedo estar sola, aunque puede que deba irme muy pronto. En este momento, siento que estoy junto al Buda espiritualmente y además mi familia me acompaña. Estoy feliz por estar viva hoy y quiero compartir con usted este maravilloso sentimiento de gratitud. Estoy muy agradecida por todas las bendiciones recibidas durante toda mi vida de mis padres, abuelos, hijos, nietos y amigos. Me siento tan agradecida. No me arrepiento de nada."

Con las manos en Gassho, asintió ligeramente con la cabeza a la vez que decía: "Gracias, me siento muy arigatai (muy agradecida)."  Con los ojos inundados en lágrimas, pasaron unos minutos de silencio y continuó diciendo con su lánguida voz: "Reverendo Komagata, estoy muy agradecida por su visita semanal y sus plegarias. ¡Me gustaría tanto ofrecerle algo como muestra de mi gratitud!, pero lamentablemente no tengo nada que ofrecerle. Honto ni gomen nasai. (Realmente lo siento). No sé si estaré viva mañana, pero hoy que sí lo estoy, ¿puedo orar por usted ahora? Es todo lo que puedo ofrecerle." Y con su sosegado tono de voz, oró por mi buena salud y felicidad.

Abrumado, pero recobrando la compostura, le sonreí y dije: "Gracias". Con una encantadora y dulce sonrisa me devolvió en un murmullo las gracias. Esas fueran las últimas palabras que me dirigió. A la mañana siguiente, la familia me comunicó que se había ido en paz.

La vida es preciosa. Cada momento de la vida es valioso, sin importar nuestra situación física. Esta mujer vivió al máximo, a pesar de que sabía que su vida estaba llegando a su fin. Llevada por su deseo altruista de compartir conmigo sus sinceros pensamientos de gratitud, me ofreció sus plegarias y fue su mayor gesto de agradecimiento. Fui a visitarla y a animarla a vivir de manera positiva en ese preciso momento de la vida. En cambio, ella me demostró con elegancia que, incluso en la sumamente difícil circunstancia de enfrentar la muerte y morir, podía encontrar la felicidad mediante la práctica de dar con corazón y mente desinteresados. Ha sido el más bello acto de "dar" que he recibido de alguien.

La esencia fundamental de dar ha de practicarse en nuestra vida cotidiana a través de nuestras acciones, de las palabras que pronunciamos y de los pensamientos que tenemos. Es una práctica del voto del bodhisattva de dar y compartir. No es difícil. Todo lo que debemos hacer es practicar el dar de todo corazón, de forma natural y normal, sin prejuicios ni condiciones.